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Julio Achútegui - Poesía

Poesía

La destrucción

¿Son tuyos? ¿Para mí?

¿Son yoes? No sé yo.

 

Donde acaba la lectura te reinventas.

Donde acaban los placeres muere el sol.

 

Mi abrazo será efímero, y tu tacto

perenne entre mis dedos. Y tu olor

a sangre primigénea (herida suave)

ni a vista, gusto, oído... olvídalo.

 

Formas punzantes de oscuridad.

Vértigo en la hondura, mala hambruna.

Ojos animales que te observan,

felinos, panteras. Gatos. Luna.

 

Y estos sí son tuyos; para mí: no.

Son todas tus caras mi leyenda.

Flaco, ya en los huesos. Piel apenas.

En esa herida tuya hallé yo tumba.

 

Y vida eterna.

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Suicida

-¿Podrías?... Sí, dejarme la pistola...

-Me cansan los lamentos, los quejidos.

-¿Acaso tú no lloras?

                             -No.

                                   -Veamos.

Con lenta parsimonia en el gatillo

coloca el vate el dedo y se ejecuta.

Tinta desparramada entre los folios.

Enfrente cero lágrimas.

                                  -Inútil...

A ver quien coño limpia este estropicio.

Schulenburgring, 6a

No hay razones aparentes para hacerlo.

Si he elegido distanciarme, es por mí solo.

No hay un tú que dicte un nada, es un yo, acaso.

Aunque un yo que anda perdido. En el ocaso

de mis noches en tu seno, incertidumbre

de hombre que sin sombra avanza, duermo

intranquilo, si a mi lado un cuerpo yace,

al que solo las caricias tranquilizan.

Y en tu lecho, mis demonios me persiguen.

Mis terribles pesadillas me acompañan.

No me dan más que dolores de cabeza.

Yo, bicéfalo, no puedo soportarlo.

Los suspiros que ahora exhalo lo demuestran,

aunque sordos a tu oído sigan siendo.

Pero pienso que es mejor no compartirlos,

que la noche traiga siempre los silencios.

Y es un ruido que infernal se me asemeja,

el de pájaros piando en la ventana,

con la luz del día dándome en las sienes,

cual martillo, por no haber en vida un plano

que me guíe hacia un destino prefijado,

ni tampoco un plan que rija ese destino.

Si vivir se ha convertido en desatino,

es mejor que en ese plan no participes.

Y me parto. No es principio o participio;

es un hecho que destruye mis neuronas,

las que solo notan fuertes aprehensiones

cuando el fallo en duda o culpa se transforma.

Los aciertos, ni contarlos, pues me enfrentan

a un pasado que de mí quiero lejano.

Pero no como tu cama en esta noche,

sino fuera de mi vista para siempre.

Reasignado silencio

Quisiera obedecerte, y no lo hago.

Si escribo, en estas líneas, estos versos,

la fórmula secreta de mi estado

anímico, animo a mis demonios,

que saltan, esperando que te diga

aquello que pienso, que realmente

siento dentro, al fondo, en mi interior.

 

Mas debo estar callado, ser pregunta,

duda, falso, simple, resignado.

Es fácil cuando cuando abrir la boca puedes

solo para el daño,

                               y no para el amor.

 

Hacer el mal es fácil. Yo: altruista,

mejor estoy callado.

                              Ser nosotros.

 

                              Ser en otros.

 

                              Ser mejor.

Mi amor por ti no es pasajero.

En todo caso es loco maquinista.

Se atrevería a vaciar toda la carga

si así se lo pidieras,

atravesando incluso el túnel más oscuro.

Iría al purgatorio por tenerte

[decir Cielo o Infierno es pretencioso]

mas no siendo llevado sino al mando,

consciente de que si él no es quien conduce

la vía se quiebra en la oscuridad.

"Oh innoble servidumbre de amar seres humanos

y la más innoble

que es amarse a sí mismo"

Jaime Gil de Biedma

 

Mi psiquiatra me tiene dos horas

esperando en la sala de espera.

Y yo tiemblo, me descompongo,

y pienso que por qué la necesito.

 

Resulta que algunos me llaman loco,

resulta que lo hacen porque soy agradecido.

Y en vez de entristecerme mis problemas

me afano por dar solución a suyos.

 

                                                                         ¿Y mi yo?

 

Esperando dos horas, irritado,

se odia y se pone en mi contra

por haberles llegado a creer.

- No estás loco - es lo que ha dicho mi doctora,

- lo que pasa es que te falta el amor propio. -

"La lengua es una sustancia para que la literatura se realice."

Dámaso Alonso

 

Realiza este ejercicio:

          lee estos versos en voz alta:

 

"Me atrevo a deciros a todos

fe en mí mismo no me falta.

Tengo posibilidades

(aunque también muchos miedos)

de hacer lo que más me place,

que es ser, al fin, lo que quiero:"

 

Ser poema recitado,

diluido en el aire, en el viento...

hecho poema en tu boca,

dicho con tus sentimientos...

Mis versos están sucios

"La propiedad es un robo"

P. J. Proudhon

"Se escribe desde donde se puede leer"

Ricardo Piglia

 

MIS VERSOS ESTÁN SUCIOS

 

Me han dicho: - Filósofo. -.

Me han dicho: - Poeta. -.

Algo de Unamuno tengo...

(no en mi biblioteca).

 

Por haber leído La Biblia no soy profeta.

Pero cuando leo absorbo. ¿Soy una bayeta?

 

Voy a discurrir.

(a descubrirme

al escurrirme).

"De lo que no se puede hablar hay que callar."

"Lo que se deja expresar debe ser dicho de forma clara."

Ludwig Wittgenstein

 

Sentimiento inefable.

Como la angustia al mirar al futuro,

o haber tenido un fallo imperdonable.

Insufrible conjuro.

Clavada en mí la espada y no hay Arturos.

 

Heroico endecasílabo acomete

en contra de la silva precedente:

resulta que es que estás enamorado

y en blanco dicho está de forma clara.

 

Amor, amor, amor, amor, amor es...

 

"Es libre,                               

pero no de ser mosca."

Hugo Padelleti

Yo, quizás, soy como mis palabras:

a pesar de ser las mismas, diferentes

maneras de pensar y de expresarlas

me cambian. De lugar. Y de corriente.

 

Yo me creo libre, como ellas,

mas si bien es cierto,

                                   poco original es

tratar de compararlas con estrellas

o hacerlo con poemas marginales.

 

Todo está ya dicho, y yo poeta,

no por elección, tengo un problema:

pienso que todo, todo el planeta

piensa y tiene el mismo teorema:

 

Todo está ya dicho, está ya hecho,

todo está ya... [estalla en cada pecho].

(Saco de esta bomba buen provecho

            porque no he elegido ser persona).

 

Y me duele lo mismo que a ti.

Vaivén

No quiero tener que marcharme,

que alejar de mi piel tus caricias...

pero debo. Nos lo debo.

 

Volveré, sin embargo, bien pronto,

para siempre, a tu lado, quedarme.

Dios lo sabe. No lo ruego.

 

No estoy haciendo mil planes

imposibles, de los que se ríen

él, y su séquito alado.

 

Tengo en ti mente fija, objetivo,

además de camino marcado:

pies en suelo.

 

Aunque yo ande siempre en las nubes.

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Vida

Nada nuevo ha llegado.

Los miedos son los mismos. Más viejos incluso.

Y también, más fuertes.

La línea sobre la que avanzo

sigue siendo infinita.

Sobre todo,

porque no soy capaz

de ver dónde termina

aunque sepa que fin tiene.

 

Y si fuera capaz de verlo,

no querría mirar.

 

Los sustos no asustan

cuando uno los espera.

Yo, poema:

Si es verdad que nada hago,

si es inútil que yo cree

o crea cualquier cosa,

¿para qué? ¿para qué seguir viviendo?

¿Para qué escribir estas penurias?

 

Toda la vida desordenando

estos sentimientos, epigramas

de esta realidad, que no perece

si no es voluntad lo que le pongo.

 

Y no. No quiero venenos.

Suficiente tengo con la tinta,

que es, acaso, igual o más potente,

y que actúa con igual o más premura.

 

Tinta, gota a gota, y así muero.

No quiero escribir palabras como agujas.

Esas palabras dolorosas

que en distinta piel se claven,

ni en la tuya, ni en la mía.

No quiero que nos aten mis palabras,

que nos callen, que sean como correas.

No me valen.

Que en todo caso, sean como cuerda

tendida para hacernos ascender

por encima de esos males.

¡Para qué las ataduras!

Que no sean tus palabras los bozales

que se impongan en los rostros de esas voces

que no quieres oír porque te dicen

aquello que no quieres.

Oír, porque te dicen; admirable.

Por duro que parezca, a ti te dicen.

Sigues siendo centro de otras voces.

Sigues en el centro de sus vidas,

si son capaces de a ti dirigirse.

En todo caso sean como escudo,

como abrazo protector de madre a feto:

hechas bola alrededor del epicentro

de la vida, cada día, renovada.

No quiero escribir palabras como agujas,

que nos pinchen y saquen de la burbuja,

que destruyan incesantes nuestro amor.

O que el amor nos cosan.

O que al amor nos claven.

Crucifixión siglo XXI - Fotografías de Antonio Graell

"Nietzsche ha muerto"

Dios

 

-Escucha, ¡oh, tú, mortal, que en cielo habitas!

¿Te di yo la existencia y me maltratas?

La estancia que te he dado es infinita,

¿y anclado en una cruz, firme, me atas?-

 

-Erraste, tú, mortal: ¡Recapacita!

¿Me diste tú la vida o fue al contrario?

Todo en torno a ti por mí gravita,

¿y quieres darme muerte, mercenario?-

 

Nietzsche dijo entonces: -Tu existencia

está supeditada a mi conciencia;

desátame, pues ya he visto la luz.-

 

Dios le respondió: - Tendré clemencia,

que tú me has hecho esclavo de tu ciencia

por ser yo quien te dio a ti tal testuz. -

 

(El monólogo de Nietzsche, Dios mediante,

tendría un resultado interesante:

dios y Hombre seguirían adelante

pero CADA UNO CON SU CRUZ).

Pataletas

Me revientan tus patadas, tus rebotes.

Tus poemas son de niña, pataleta.

No comprendo por qué rabia o por qué llanto.

Tú enamórate, que yo, también contento.

 

No me quieras por la cara restregando

nada, que soy tonto, pero leo.

Leo cada día lo que escribes.

Cuida de dañar a quien te quiere.

 

Bajo el sol abrasador,

                                    (abrazador)

cuando sabes que yo soy, seré, directo,

prefiero tu abrazo a que tu berrinche

sea traducido en un poema.

 

Me creo, más, lo sé, tu real "te quiero".

El resto, aun siendo tinta, siento injusto.

Pesadilla

Cada día, en la distancia, me doy cuenta

de que más y más te amo. Como ejemplo

voy a contarte este dato:

me faltas en la cama y me desvelo.

 

Siento una tensión que no he sentido

antes de tu ausencia, ¡jamás! ¡Nunca!

Puedo asegurártelo, mi vida.

Estos son los versos de un insomne.

 

Yo, que soy tan solo, tan distante,

sé que te añoro, porque en mis sueños

siempre tan repletos de mujeres,

ocurrió está noche un terremoto.

 

Muerto de cansancio, como estaba,

pronto me dormí, mas no sé cómo,

pálido, a las tres de la mañana

salto de la cama sudoroso.

 

Dentro de mi sueño conocía

a una rubia dama que invitaba

no solo al placer de los sentidos

banales, como vista. Paso al tacto

 

daba, y permitía que mi boca

fuera recorriendo cada poro

de su blanca piel: no sugería,

plena desnudez lucía. Yo no

 

pude separarme de su cuerpo.

Rápido mi sueño allí cesaba.

Fue tanto erotismo pesadilla, te lo juro:

no eras tú la chica de mi sueño.

 

                        Pero sí de mis sueños, los que en vida.

Sábanas

Tu piel está llena de marcas,

de ropajes que a ella se aferran.

Marcas que han surgido por presión.

 

Yo las veo, porque desvelado,

tendido, escribiendo, a tu lado

me encuentro. La sinrazón

 

llega a la mente, que aspira

a besarte sin despertarte

de esa piel,

                        cada rincón...

 

Mas mis besos, tarde o temprano

no serán más que vicio, y en vano...

¡Amar siempre será mi adicción!

 

            Y joder, cómo te amo.

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Lo mismo

Los sueños duermen

            al lado de uno mismo.

Mas son, por el momento, inalcanzables.

Si tiendes las manos para agarrarlos,

estos, entre dedos, se resbalan.

Contigo, igual me pasa.

 

Duermes a mi lado mientras mi vigilia.

Intranquila, pues la cama es locutorio,

lugar para narrar nuestros problemas.

            Se olvida así el amor.

            Solo surge el miedo.

 

Miedo a despertarte.

Salgo de la cama poco a poco.

Paro en el lavabo. Luego en la cocina.

Lleno de elixir mi propio vaso.

Merlot que no Merlín.

¿Magia? No. Desgracia.

Las lágrimas que tuve ahora son tinta.

                                               Tinto.

 

Y tú, mientras, durmiendo

aquí, en el mismo lecho.

            Y yo soñando contigo,

            pues duermen mis sueños

            al lado de mí.

Hasta pronto

No sabría decirte si es momento

                                 (si el momento)

[es] propicio para andar por las aceras.

                                                               Afuera

la mañana reverbera

                               gris lluvia y asfalto mojado.

 

De lo único que puedo estar seguro

                                               (de la lluvia)

es de que en los días soleados

no hay música, no hay son de agua y cristales.

 

Golpean las gotas (sin gritos)

                detrás de las cortinas la mañana.

                Hoy es lunes. Mañana es Berlín.

                Y ayer solo cientos de estupideces.

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