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Julio Achútegui - Poesía

Amor-atada

"Juana, y Sergio, son ahora los enamorados,
Sergio, y Juana, dos deportistas y un amor,
Juana, y Sergio, son ahora los enamorados,
Sergio, y Juana, que se hablan con el corazón"

 

Tras las promesas a la orilla del mar, viendo el atardecer,

las caricias se hacían notar sobre la piel...

El calor del sol naranja y sus susurros al oído

se han tornado en morado y azul, temblor y escalofríos.

 

¡Miedo! Siente al oír las llaves, porque sabe

que del bar vuelve el que es padre de sus hijas.

- Y no caben  conjeturas, pues hace años que no hay duda

de que siempre se embriaga con un buen ron made in Cuba. –

 

Atenta, espera a que suba. Mientras, su frente suda.

Tan solo tras el amor a sus hijas se escuda.

- Sin arma alguna que blandir, pues la justicia

se encarga de abolir leyes por avaricia.-

 

Indefensa, desamparada, hoy se enmascara

con maquillaje las marcas oscuras de su cara,

sin ser ojeras. Y de su mente elige alejar

la imagen del cabrón que le inflige su pesar.

 

Del que la hace temblar:

el palpitar de mariposas del estómago se ha convertido en el tronar

de una tormenta, que no calienta como antes,

pues los temblores son de miedo. Y son constantes.

 

Nunca tuvo aguante ante el ser elegante

que en verdad era un farsante: le encontraba fascinante.

Cada vez que la halagaba se enredaba entre sus guantes.

Solo son cenizas ahora los diamantes

 

que en promesas se quedaron. O empeñados.

Que en sus sueños los espejos están siempre empañados,

porque el mundo es más feliz cuando no se reflejan

ni sus pómulos morados, ni sus brechas en las cejas.

 

Se aleja de las quejas, no aprende la moraleja,

sabe que ese la maneja, que la oculta bajo teja...

Pero cuando la corteja se siente como perpleja,

cree que sangre y cicatrices son huellas que el amor deja

 

causadas en las madrugadas

después de que la barra del bar quede cerrada. Callada

tras oscuras coartadas, tras mamparas ensuciadas,

tras cortinas de mentiras, porque siempre está asustada

 

encima del mueble de la cocina

se encuentra el arma homicida con el que la asesina.

“Era una mujer muy fina” – Comentaban las vecinas,

quizás usen sus cenizas para plantar una encina

 

de la que sacar el corcho en finas láminas,

para taponar botellas repletas de lágrimas. –

¿Lágrimas? No lloren más por ella, no lloren más por ella;

que ya está muerta.

 

"Siempre, siempre serán

felices Juana y Sergio..."  (...)

Dos fuera de serie - Juana y Sergio

Serie de dibujos infantil

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1 comentario

julito Chés -

El título es un hallazgo monumental.
El poema real como la vida misma.
Por desgracia estamos ya tan acostumbrados a estos sucesos que nos hemos hecho impermeables y ya casi ni nos repugnan.
Felicidades por recordarnos nuestra falta de humanidad.
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